sábado, 31 de enero de 2026

 Se desató el nudo.

Enero, 2026.

Empecemos por el principio y fin de todo asunto público, es decir, el método para resolver los problemas, los conflictos, las diferencias. ¿Cómo se resuelven? Hay solo dos maneras: por las buenas o por las malas; las primeras constituyen la Política y las segundas la Violencia. Digamos  entonces, sin ambages ni miedos: lo ocurrido el 3E fue un acto violento, un nudo que se desató con violencia, con muertos y heridos, con daños materiales y ultraje a nociones fundamentales de la vida social y de las relaciones internacionales, como la soberanía y el respeto a la vida.

La quiebra de la clase política

Algunos celebraron, otros sentimos alivio; la expectativa era ya insoportable y no se podía esperar más, pero era imposible celebrar sabiendo que hubo muertos y heridos, y más aun sabiendo que las cosas se podían resolver de forma incruenta.  Y si, es verdad, los muertos, heridos y daños materiales habrían sido muchos más, si luego de la captura no se llega a un acuerdo. No sabemos qué pasó, cómo pasó, pero algún día se sabrá, eso es seguro. Qué las cosas no pasaran a mayores y se desatara una espiral de violencia que podría desembocar en una guerra civil, hay que agradecerlo. Pero que las cosas se resolvieran como se resolvieron es el gran fracaso de la clase política venezolana en su conjunto; en diferentes grados, todos los sectores de la oposición y del oficialismo son responsables de ese desenlace: la violencia ganó, la política perdió. Pero…

Con estos bueyes tenemos que arar

Así y todo, esa es la clase política que hay y con ella hay que contar, pero éste “nuevo momento político” (Delcy dixit) exige rectificaciones profundas, desprendimientos y renuncias impostergables.

                En la caracterización y definición de la coyuntura actual, hay algunas cosas que deben darse por definitivas en aras de no crear falsas expectativas, que solo sirven a intereses personales y persiguen dar al traste con el actual rumbo del país. Me limito a señalar tres que me parecen cardinales:

1. Es categórico, indiscutible y definitivo el fracaso de la anti-política, valga decir, de la violencia; por tanto hay que retomar la política como vía, como método para la vida social en el ámbito público. Esto es válido tanto para la oposición como para el oficialismo. Esto implica, en términos concretos, dar por definitiva la salida de quienes encabezaban al oficialismo y a la oposición. Ambas figuras deben darse como descartadas y no deben regresar a la vida política del país.

2. El país requiere con urgencia la reactivación económica y para eso la estabilidad política es indispensable, impostergable. La atención primordial de la clase política debe estar en los temas económicos, en especial la cuestión del ingreso de los trabajadores y de la población en general, así como también lo relativo al financiamiento y recuperación de los servicios públicos y del aparato productivo. A la fecha en que escribo (31-01-2026) juzgo que la clase política en Venezuela (gobierno y la oposición democrática) están trabajando en esa dirección.

3. La agenda política, larga, difícil y complicada, debe ser atendida sin descuidar la agenda económica antes referida, la cual, como ya se dijo, debe ser prioritaria. Desacuerdos en esta agenda no deben obstaculizar acuerdos en la agenda económica. No hay duda que en este particular la mayor responsabilidad la tiene el oficialismo, dado el total control institucional en el poder público del país. Y justamente por ahí deben empezar los acuerdos, para reequilibrar las instituciones públicas, con el nombramiento de nuevos titulares en la Fiscalía General, la Contraloría General, el Consejo Nacional Electoral y el Poder Judicial. Otros temas urgentes son: la legislación electoral y el financiamiento público de los partidos políticos. Reconstruir el tejido de partidos políticos, con la fundación de nuevos partidos y la reestructuración de los existentes, con vista a darle opciones viables al electorado, que sirvan a los intereses del país, es otra tarea urgente.

Hasta aquí estas líneas. Confiemos que todo salga bien, y que lo que esta torcido vayamos enderezándolo con esfuerzo, paciencia y responsabilidad. Hasta pronto.

Pedro Alejandro Reyes Vásquez.

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