Se desató el nudo.
Enero, 2026.
Empecemos por el principio y fin de
todo asunto público, es decir, el método para resolver los problemas, los
conflictos, las diferencias. ¿Cómo se resuelven? Hay solo dos maneras: por las
buenas o por las malas; las primeras constituyen la Política y las segundas la
Violencia. Digamos entonces, sin ambages
ni miedos: lo ocurrido el 3E fue un acto violento, un nudo que se desató con
violencia, con muertos y heridos, con daños materiales y ultraje a nociones
fundamentales de la vida social y de las relaciones internacionales, como la
soberanía y el respeto a la vida.
La quiebra de la clase política
Algunos celebraron, otros sentimos
alivio; la expectativa era ya insoportable y no se podía esperar más, pero era
imposible celebrar sabiendo que hubo muertos y heridos, y más aun sabiendo que
las cosas se podían resolver de forma incruenta. Y si, es verdad, los muertos, heridos y daños
materiales habrían sido muchos más, si luego de la captura no se llega a un
acuerdo. No sabemos qué pasó, cómo pasó, pero algún día se sabrá, eso es
seguro. Qué las cosas no pasaran a mayores y se desatara una espiral de
violencia que podría desembocar en una guerra civil, hay que agradecerlo. Pero
que las cosas se resolvieran como se resolvieron es el gran fracaso de la clase
política venezolana en su conjunto; en diferentes grados, todos los sectores de
la oposición y del oficialismo son responsables de ese desenlace: la violencia
ganó, la política perdió. Pero…
Con estos bueyes tenemos que arar
Así y todo, esa es la clase política
que hay y con ella hay que contar, pero éste “nuevo momento político” (Delcy
dixit) exige rectificaciones profundas, desprendimientos y renuncias
impostergables.
En
la caracterización y definición de la coyuntura actual, hay algunas cosas que
deben darse por definitivas en aras de no crear falsas expectativas, que solo
sirven a intereses personales y persiguen dar al traste con el actual rumbo del
país. Me limito a señalar tres que me parecen cardinales:
1. Es categórico, indiscutible y
definitivo el fracaso de la anti-política, valga decir, de la violencia; por
tanto hay que retomar la política como vía, como método para la vida social en
el ámbito público. Esto es válido tanto para la oposición como para el
oficialismo. Esto implica, en términos concretos, dar por definitiva la salida
de quienes encabezaban al oficialismo y a la oposición. Ambas figuras deben
darse como descartadas y no deben regresar a la vida política del país.
2. El país requiere con urgencia la
reactivación económica y para eso la estabilidad política es indispensable,
impostergable. La atención primordial de la clase política debe estar en los
temas económicos, en especial la cuestión del ingreso de los trabajadores y de
la población en general, así como también lo relativo al financiamiento y
recuperación de los servicios públicos y del aparato productivo. A la fecha en
que escribo (31-01-2026) juzgo que la clase política en Venezuela (gobierno y
la oposición democrática) están trabajando en esa dirección.
3. La agenda política, larga,
difícil y complicada, debe ser atendida sin descuidar la agenda económica antes
referida, la cual, como ya se dijo, debe ser prioritaria. Desacuerdos en esta
agenda no deben obstaculizar acuerdos en la agenda económica. No hay duda que
en este particular la mayor responsabilidad la tiene el oficialismo, dado el
total control institucional en el poder público del país. Y justamente por ahí
deben empezar los acuerdos, para reequilibrar las instituciones públicas, con
el nombramiento de nuevos titulares en la Fiscalía General, la Contraloría
General, el Consejo Nacional Electoral y el Poder Judicial. Otros temas
urgentes son: la legislación electoral y el financiamiento público de los
partidos políticos. Reconstruir el tejido de partidos políticos, con la
fundación de nuevos partidos y la reestructuración de los existentes, con vista
a darle opciones viables al electorado, que sirvan a los intereses del país, es
otra tarea urgente.
Hasta aquí estas líneas. Confiemos
que todo salga bien, y que lo que esta torcido vayamos enderezándolo con
esfuerzo, paciencia y responsabilidad. Hasta pronto.
Pedro Alejandro Reyes Vásquez.